La Habana. ¡Qué sería de nuestra bella y noble ciudad sin su Cristo enclavado en una colina frente a la bahía desde la que se vislumbra la ecléctica urbe! Yo no me la imagino; desde que tengo uso de razón el Cristo de La Habana es uno de los símbolos más admirados y queridos, incluso por los visitantes que arriban al poblado de Casa Blanca para fotografiarlo y descubrir la capital.
En el Día Internacional de los Monumentos y Sitios se le confirió a la obra del Cristo de La Habana el Premio Nacional de Patrimonio Cultural, en la categoría de Restauración, en una ceremonia realizada en el Memorial José Martí a la que asistió el titular de cultura, Rafael Bernal Alemañy.
La distinción que avala el galardón fue entregada a la proyectista Nitzy Beatriz García, al inversionista Segundo Javier Verdecía y al arquitecto Carlos Bauta, autores principales de devolverle al Cristo su magnificencia.
La restauración del Cristo de La Habana también fue distinguida con los premios especiales del Comité Cubano del Consejo Internacional de Museos y Sitios, ICOMOS, y el Movimiento Moderno de Cuba, reconocido como DOCOMOMO.
El jurado a nombre del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural otorgó el premio en el apartado de restauración al Cristo de La Habana "por el excepcional y riguroso trabajo de investigación científico, el diagnóstico certero de un monumento escultórico de dimensiones excepcionales que implicó tareas riesgosas y artísticas, y el rescate de un hito importante de la ciudad capital”.
En el expediente se destaca además que la obra en El Cristo de La Habana asumió normas para garantizar su conservación en el tiempo en un ambiente marítimo y portuario.
La escultura realizada por la artista cubana Jilma Madera --Pinar del Rio 1915- La Habana 2000-- representa a Jesús de Nazaret y quedó emplazada en la loma de La Cabaña, en el poblado de Casa Blanca, el 25 de diciembre de 1958.
El Cristo de La Habana se encuentra a 51 metros sobre el nivel del mar, tiene unos 20 metros de altura, reposa sobre una base de 3 metros, su peso aproximado es de unas 320 toneladas, y posee 67 piezas que fueron esculpidas en Roma, donde fueron bendecidas por el Papa Pío XII antes de su traslado a Cuba.
El custodio y protector de la capital cubana emerge de pie con una mano en alto, en gesto de bendecir, y la otra sobre el pecho.
Luego del remozamiento a sus pies se encuentra un parque, sitio de recreación y también una atracción turística visitada cada año por miles de extranjeros que llegan al archipiélago.
A inicios de este año, el cardenal y arzobispo de La Habana, el cubano Jaime Ortega bendijo el imponente monumento.
En 2012 el Premio Nacional de de Patrimonio Cultural, en la categoría de Restauración fue conferido a otro inmueble habanero, el Museo Napoleónico por el excelente y minucioso trabajo realizado por los especialistas de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Oficina del Historiador de la capital.
No hay comentarios:
Publicar un comentario