La Habana. Por poco no salimos de casa, quizo la naturaleza que la lluvia se retrasara este viernes y comenzaraa cerca de las 5 de la tarde. Eran las 7 y 30 y aún continuaba, teniamos mucha incertidumbre, de no ir nos quedariamos sin el regalo escénico, no obstante no nos atrevíamos a salir. Se redujo la inercia y comenzamos a vestirnos para salir hacia el teatro Mella, ya era tarde, a las 8 dejamos la casa.
Por el camino nos dabamos aliento, seguro que no van muchas personas porque está lloviendo en toda la ciudad. Qué ilusos, al llegar nos dimos cuenta que nadie quería perderse la gran oportunidad.
A la hora pactada, 20:30, se abrieron las cortinas y los conductores asentaron al auditórium que los dos estados, China y Cuba, no han creído en la distancia, en los océanos que los separan para tener relaciones diplomáticas y de estar hermanados también a través del arte, y significaron las 4 visitas del Ballet Nacional de Cuba al gigante asiático.
Nos advirtieron, entonces, que nos llegaría en la creación artística la fragancia oriental con todo el sabor cubano conjugando la belleza de las artes de los dos países.
Y el preludio fue con el Aire violeta del Este, un número aparentemente ingenuo pero con sutilezas técnicas y cromatismo en la escena que cautiva a los espectadores, sobre todo a los más pequeños.
Las habilidades acrobáticas se impusieron en la escena habanera con el Juego de tazones sobre la cabeza, un número artístico de fuerza y belleza rítmica que seduce al más exigente de los asistentes pero sólo recién comenzaba el espectáculo tejido por orfebres en su dramaturgia.
Se ejecutó la música ancestral por dos jóvenes virtuosas en la interpretación de la cítara de 4 cuerdas y el tambor chino; nos hallamos ante el lirismo de la auténtica cultura milenaria.
Las luces se trasmutaron, disminuyó la luminiscencia y apareció un actor bailando tap con sólo tres pelotas en la mano; con destreza y gracia sube a la redonda plataforma que se emplazó en el centro de la escena y las pelotas juegan con él, hay una sincronía, la magia se desplegó por el teatro.
Las luces se incorporaron a la función sublime que se tensa a la medida que aumenta el número de pelotas. El público todo no sale del asombro ante los complicados y variados lanzamientos de 6, 8 y 9 pelotas que son atrapadas con fascinante destreza, el artista buscó la complicidad con sus guiños, ademanes, sonrisa y encontró ovación-aplauso. “Las bolas vuelan y saltan como notas musicales entre las manos del artista”.
La noche transcurría lenta en la ciudad, en el teatro nadie estaba atento del implacable tiempo. Se sucedían los números uno tras otro, todo sin impasse.
En el arte folklórico de China tiene su origen el Juego con platos giratorios presentado por el Conjunto de Acrobacia quienes con maestría, virtuosismo, elegancia y suma destreza mostraron otros actos que ofrecieron una impresión fantástica como Juego con sombrillas, equilibrismo, y Juego colectivo de diábolo, éste último con premios internacionales en varias pistas del mundo y ovacionado ampliamente ahora en La Habana.
Entre tanto dramatismo aflora en la escena con el rojo intenso la Orquesta femenina de percusión “Amapola Roja” de Beijing.
Los movimientos de wushu adornan el toque intenso del tambor que sincroniza perfectamente con el lenguaje corporal.
Para finalizar La noche de Beijing en La Habana el equilibrismo con bicicleta otro desafío a la gravedad con total maestría y sin ostentación.
Por Cuba estuvieron presentes el Coro del Instituto Confucio de la Universidad de La Habana y la compañía Habana Compás Dance donde la esencia afrocubana de la percusión se imbrica con el ritmo y la grácil danza.
La noche de Beijing sedujo a los capitalinos, ni la lluvia al atardecer del viernes impidió que la sala del teatro Mella estuviera llena de un público expectante.
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